Aurelia Jurilli

 
 
CABALLEROS DE CAMPO Y PLAZA
 
 

De la diversión que, a distancia de algún tiempo

hubieron Franco Sacchetti y Miguel de Cervantes

con los que se hicieron ordenar caballeros.

 
"En los términos invertidos está la burla": retomo el hilo del discurso. Y Cervantes retoma el cañamazo que otros habían embastado, y lo perspuntea y lo labra y lo adorna, tal que parezca otro tapiz.
De Italia viene también esta vez el tosco bastidor.
Tosco, digo, porque Il Trecentonovelle ilustra por adición de cuadros la Florencia medieval. Protagonizan las patrañas1 beodos, comadres y caballeros que fueron pícaros, saltimbanquis todos que vagan y se contorsionan en tabernas, y en plazas revestidos de garnacha alhajada.
Tosco digo, es el bastidor, porque la "novella" es oropel sin andamio frente a la maquinación técnica y total de la novela.
La "novella LXXXII" de Il Trecentonovelle es el negativo del cap. III del Quijote, o el Quijote - cap. III - es el cuadro restaurado de la "novella LXXXII".
A saber:
Personajes: Es hombre al uso el genovés y bebedor voluntarioso. El andaluz que en su mocedad "se había dado a aquel honroso ejercicio" conquistándose generosa fama "por cuantos audiencias y tribunales hay en casi toda España ahora transcurre recogida vida en este su castillo".
El genovés es avezado a la vida cortesana, que bien lo indican sus modales en presencia de messer Bernabó, y tan ducho en materia de caballeros y caballerías que pericia determina "che io faccia di lui cavalier bagnato". No menos lo es el ventero que "ya tenía algunos barruntos de la falta de juicio de su huésped" y razonando con Don Quijote le dijo que andaba muy acertado en lo que deseaba y pedía"; y en infinitos detalles muestra su erudición como el que "todo el toque de quedar armado caballero consistía en la pescorada y en el espaldarazo, según él tenía noticias del ceremonial de la orden, y que aquello en mitad de un campo se podía hacer" y "alzó la mano y dióle sobre el cuello un buen golpe y tras él, con su mesma espada, un sutil espaldarazo".
De este gobelino apreciemos ahora la perfección y la prestancia. La escena adquiere una luz de meseta castellana: tanto más adusta y ceñuda la fachada cuánto más la risa y la burla van por dentro.
" ...lo hizo con mucha desenvoltura y discreción, porque no fue menester poca para no reventar de risa a cada punto de las ceremonias; pero las proezas que ya habían visto del novel caballero les tenía la risa a raya".
Los detalles son sutiles y dirigidos a fustigar la parte pícara y decadente de la sociedad, en las costumbres y en la prosapia. "...se vino donde Don Quijote estaba, el cual, mandó hincar de rodillas; y leyendo en su manual come que decía alguna oración" ... "siempre murmurando entre dientes como que rezaba".
"Ella respondió con mucha humildad que se llamaba La Tolosa, y que era hija de un remendón natural de Toledo, que, vivía en las tendillas de Sancho Bienaya2; y que ... le tendría por señor. Don Quijote replicó que, por su amor, le hiciese merced que de allí adelante se pusiese don, y se llamase doña Tolosa".
Transmisión del poder: Todavía no se ha perdido el sentido que el poder viene de lo alto3 aunque ya del poder se concede - o se vende - por cualquier bravata o por diversión: "com 'elli cadde, e'l genovese a cavalcioni li salì addosso e pregò il signore che lo dovesse far cavaliere in sul corpo di quel obbriaco; e il signore disse che lo meritava bene, e fecelo cavaliere in su l'ubbriaco". "...y por tener qué reir aquella noche, determinó seguirle el humor".
El comportamiento del Don Quijote es cabal y respetuoso del código, confía en ser armado caballero para cruzar su espada con el castellano-ventero" ...y que si él hubiera recibido la orden de caballería, que él le diera a entender su alevosía".
Los aspirantes solicitan a sus amos la fortuna de ser armados caballeros. "...e pregò el signore, che lo dovesse far cavaliere ..., Don Quijote, más atento a su hidalguía y a la ritualidad, "se hincó de rodillas ante él diciéndole: - No me levantaré jamás de donde estoy, valeroso caballero, fasta que la vuestra cortesía me otorgue un don que pedirle quiero, el cual redundará ..."4
 
Ceremonial caballeresco. Gestos, títulos: Del ceremonial caballeresco se burlan exasperadamente el florentino y el español. El ventero hace jurar a Don Quijote sobre "un libro donde se asentaba la paja y cebada que daba a los harrieros", y el genovés alardea "col mazzapicchio ...in su la gota che s'udì come se fussi stato una gran gotata; ..."5
Don Quijote pide a las doncellas con circunloquios melindres y delicadezas, que por su amor se llamen doña; el genovés es más expedito: "- Questa è la gotata ch'io ti do; e voglio che per mio amore tu abbi nome messer cattivo".
Nuestros héroes han tenido galana manera de ser ordenados.
Los florentinos, caballeros cortesanos flojos y muelles, se pavonean regalados y vestidos, y mejor nombrados. Son pícaros que han ascendido en la escala social, o esclavos libres ascendidos a esclavos sujetos6.
Don Quijote, embrazadas sus armas y montada su flaca humanidad, se va por roquedos y fortalezas porque es hidalgo caballero castellano hecho a las asperezas e incomodidades.
Otras delicadezas en le cuadro cervantino: los consejos del ventero, la inspiración de la amada, altruismo y misión de Don Quijote.
Otra vez la confusión de clases sociales. Del ventero, del que se ha anunciado el trato discreto que prodiga en "su castillo donde vivía con su hacienda y con las ajenas" convence la sensatez, la lógica del "cosa tan clara y tan necesaria de traerse": dineros y camisas limpias, ungüentos y alforjas sutiles que no ofendan la dignidad del caballero. Y es de notar: las alforjas "que casi no se parecían" son como los consejos que parecen desinteresados.
La amada desencadena gestas heroícas, al menos en la tradición literaria. Don Quijote ha gestado lo que corresponde a su voluntad, la que concede los ímpetus sublimes: "- ¡ Oh señora de la fermosura, esfuerzo y vigor del debilitado corazón mío! Ahora es tiempo que vuelvas los ojos de tu grandeza a este tu cautivo caballero, que tamaña aventura está atendiendo".
De la importancia de su misión y de su investidura, Don Quijote es plenamente conciente: "..., se cumplirá lo que tanto deseo, para poder como se debe, ir por todas las cuatro partes del mundo buscando las aventuras, en pro de los menesterosos, como está a cargo de la caballería y de los caballeros andantes, como yo soy, cuyo deseo a semejantes fazañas es inclinado".
Analizados estos trazos sutiles, como para deleitarnos con la preciosura de la trama, tomemos distancia. La suficiente que nos permita apreciar la acompasada movilidad de los personajes. Ellos guardan la compostura de la tragedia.
Sacchetti no capta estas esfumaturas. Sus caballeros, a pesar de la honorificencia, atestiguan la categoría de cómicos de corte.
Pero yo creo que aquí entran en juego los estratos sociales a los que pertenecen Sacchetti y Cervantes.
Protagonistas de la burla: Y de los inventores de la burla, messer Bernabò y el ventero, aún se oyen las carcajadas. "Quando messer Bernabò ebbe assai di queste cose riso, ..."
 
 
Conclusión final
 
Que Cervantes supiera de Franco Sacchetti, cómo y cuánto me planteo como problemática. ¿Documentación atendible? Poca cosa, generalidades. Treguas en los campamentos, expansión del Imperio, embajadores y cortes, viajeros ... ¡Renacer soldado con coraza, aventurero y español! E iría sobre tus pasos, oh Cervantes, por tener verdades que testificar a las presentes generaciones sin credos y sin sueños. (Prometo, ventero saleroso, llevar en la arqueta pequeña, visto los tiempos que corren, un brazo de repuesto; hilas no importa, que jirones abundan en los campos de batalla).
Y es todo: Don Miguel hurgó en su memoria buscando la metáfora de su quimera. Halló el motivo folklórico de ilustres natales florentinos, el que los pajes susurraban y los pordioseros pregonaban a altas voces diciendo. Y cada uno tuvo de qué reir: de los señores que vendían por enriquecerse y de los que compraban para ennoblecerse; de la sociedad que está siempre en decadencia y que por fin nunca acaba de caer del todo.
Cervantes rescató pues este doblón y lo dejó - cual otro viejo yelmo de Mambrino - bruñir en la austeridad solar de La Mancha. Lo engarzó a otros y a otros, y tanto de genial puso de suyo, que al poco se transformó en El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.